Terapia para inmigrantes: ¿importan el idioma, la cultura y el lugar?

Mudarte a otro país cambia más que tu dirección. Puede cambiar tus rutinas, tus relaciones, tu sentido del humor y, a veces, tu sentido de quién eres. Por eso, cuando piensas en empezar una terapia, aparecen preguntas que otras personas no tienen que hacerse. ¿Busco a alguien en el lugar donde vivo ahora, o a alguien de mi país? ¿Hablo en mi primer idioma o en el segundo?

No hay una única respuesta correcta. Aquí te cuento qué dice la investigación y qué pienso yo desde mi experiencia como terapeuta, y como inmigrante.

El idioma: dónde viven los sentimientos

Las investigaciones sobre personas multilingües suelen encontrar que los idiomas aprendidos en la infancia tienden a tener más peso emocional. Una revisión de Izsóf Jurásová y Kissová concluyó que la lengua materna suele tener una mayor carga emocional, y que las personas bilingües pueden cambiar de idioma en terapia para subir o bajar la intensidad de una emoción.

Pero no funciona igual para todo el mundo. En un estudio titulado “My recovery is in English” (“Mi recuperación es en inglés”), los investigadores entrevistaron a 30 personas multilingües sobre su experiencia de terapia en un idioma posterior. Para algunas, el segundo idioma les dio la distancia emocional que necesitaban para hablar de un trauma pasado, mientras que para otras resultaba insuficiente para expresarse por completo.

En mi opinión, esto coincide con lo que muchas personas sentimos. Algunas partes de nosotros se formaron en un idioma concreto, como el niño o la niña a quien regañaban, consolaban o bromeaban en casa. Esas partes quizá solo se expresen del todo en ese idioma. Otras personas encuentran más fácil acercarse a recuerdos dolorosos en un idioma que no tiene la misma carga. Ninguna opción es mejor que la otra. Lo importante es contar con un terapeuta que se interese por esto y que te permita cambiar de idioma si lo deseas.

La cultura: que te entiendan, no solo que te escuchen

Los terapeutas no comparten los mismos supuestos culturales, y estos pueden manifestarse de manera sutil. Las ideas sobre lo unida que debe ser una familia, lo directo que hay que ser al hablar o lo que significa la “independencia sana” varían mucho de una cultura a otra. Algunos terapeutas de tu nuevo país pueden no conocer cómo te criaron, y leer tu forma de comunicarte o de relacionarte con tu familia desde su propia perspectiva.

La investigación sugiere que esto importa. Un metaanálisis de 2016 de Hall y colaboradores reunió 78 estudios con casi 14.000 participantes y encontró que la terapia adaptada a la cultura de la persona obtenía mejores resultados que la versión sin adaptar. Sin embargo, la evidencia no es unánime. Una revisión sistemática de la terapia cognitivo-conductual para pacientes latinoamericanos no encontró diferencias de eficacia entre las versiones adaptadas y las convencionales. También conviene aclarar que estos estudios se centran en minorías étnicas en general, no solo en personas que han emigrado.

También hay evidencia sobre la actitud del terapeuta. Hook y colaboradores encontraron que, cuando los clientes percibían a su terapeuta como culturalmente humilde (respetuoso y abierto, en lugar de superior), construían una relación de trabajo más sólida y reportaban una mayor mejoría.

El lugar: el terapeuta de tu país

Trabajar con alguien de tu país de origen puede ser un alivio. Esa persona quizá comparta tu cultura, tu idioma y tu sentido del humor, y no tendrás que explicar de dónde vienes.

Sin embargo, en mi opinión, puede haber una brecha del otro lado. Un terapeuta de tu país puede entender de dónde vienes, pero no dónde vives ahora. Puede que no capte la soledad, la distancia de la familia, los trámites o la sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar. Por lo que me han contado personas que hacen terapia en su país, algunos terapeutas también tienen ideas equivocadas sobre cómo es la vida en el Reino Unido. Son solo unas pocas experiencias, no una regla. Pero sirve de recordatorio de que alguien puede conocer muy bien tu cultura y aun así no conocer la vida que llevas ahora. Ninguna opción es perfecta. Cada una cubre mejor algunas partes de tu experiencia que otras.

Preguntas para hacerte

Si estás decidiendo, puede ayudarte pensar en algunas preguntas. No hay respuestas correctas, solo lo que es adecuado para ti.

  • ¿En qué idioma viven mis sentimientos? ¿Hablo de lo doloroso con más facilidad en mi primer idioma, o un segundo idioma me da una distancia útil?

  • ¿Qué necesito más que entienda mi terapeuta? ¿Mi cultura y mi historia familiar, mi vida actual en el Reino Unido, o ambas?

  • ¿Cuánto estoy dispuesto/a a explicar? ¿Me sentiría aliviado/a o cansado/a si tuviera que enseñarle mi cultura a mi terapeuta?

  • ¿Cómo sabré si algo no funciona? ¿Me siento capaz de plantear un problema o presentar una queja? ¿Sé a qué organismo profesional pertenece el terapeuta y en qué país está?

  • ¿Qué puedo pagar de forma realista? Los honorarios pueden variar entre países, pero conviene pensar en el panorama completo y en lo que necesito del trabajo.

  • ¿Puedo probar primero? Muchos terapeutas ofrecen una conversación inicial. ¿Cómo me siento con esta persona? ¿Me siento comprendido/a?

¿Cuál es el adecuado para ti?

Elegir terapeuta siendo inmigrante significa tener en cuenta idioma, cultura, lugar y costo, y cada persona les dará un peso distinto. La investigación no señala un ganador único. Lo que sí sugiere es que sentirte comprendido/a y poder expresarte por completo importa mucho.

Si no sabes por dónde empezar, una primera conversación con un terapeuta puede ayudarte a aclarar lo que necesitas. Ofrezco terapia tanto en inglés como en español, así que, si quieres hablar, puedes ponerte en contacto conmigo y elegir el idioma con el que te sientas más cómodo/a.

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Therapy for immigrants: does language, culture and place matter?